El gran dilema de los padres de niños deportistas

Cuando Max decidió ser portero, sabíamos que venían momentos difíciles. No porque dudáramos de él, sino porque la posición lo pone en un lugar muy expuesto: cuando entra un gol, todos miran al arco.

Y eso, en un niño, pesa.

Los mejores arqueros del mundo reciben goles. Es parte de la posición, parte del juego. Pero explicarle eso a un niño de 9 años en el momento en que lo está viviendo es otra historia. La inocencia del fútbol infantil a veces trae comentarios que se quedan grabados, y como padres aprendimos que lo más importante no es protegerlo de esos momentos sino ayudarlo a procesarlos.

Lo que hacemos nosotros es recordarle que una visión ganadora no es obsesionarse con el resultado, sino enfocarse en lo que se puede aprender y mejorar. Que los sueños se construyen con esfuerzo, dedicación y trabajo en equipo. Y que levantarse después de un momento difícil es exactamente lo que lo va a hacer más fuerte para lo que viene.

Grabar los partidos nos ha ayudado mucho en esto. Verlos juntos, sin la emoción del momento, le permite a Max reconocer todo lo que hizo bien, no solo el momento que le pesó. Esa perspectiva lo ayuda a no ser tan duro consigo mismo.

Como padres, el balance está en enseñarles que los sueños se pueden lograr si creen en ellos, y al mismo tiempo darles las herramientas para manejar los momentos en que las cosas no salen como esperaban.

Eso, más que cualquier técnica, es lo que los forma.

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