¿Portero? ¿Estás seguro?

Cuando Max tenía 6 años y lo fui a inscribir en su primera academia de fútbol, me entregaron un formulario para completar. Uno de los campos decía: «Posición que quiere jugar».

Le pregunté a Max, sin pensar mucho en la respuesta que recibiría.
Me miró firme y dijo: «Portero».

Confieso que mi primera reacción fue de duda.
¿Portero? ¿Estás seguro?
Y en mi cabeza empezaron a aparecer preguntas que no dije en voz alta:
¿Por qué no delantero o mediocampista? ¿Por qué esa posición?
Cuando pensaba en un portero, no lo asociaba a la emoción del gol, sino al momento difícil de recibirlo. Al jugador que «no la paró».

Pero su mirada determinada me hizo entender algo importante:
no era mi decisión, era su elección.
Y si él lo tenía claro, nuestro rol era acompañarlo.

Su papá le dijo: «Si quieres ser portero, te apoyaremos para que seas de los mejores».
Y así empezó este camino. Un recorrido desafiante, lleno de emociones intensas, caídas al suelo, rodillas raspadas, lágrimas tras los goles recibidos…
pero también lleno de orgullo después de cada atajada, de cada mejora, de cada vez que se levanta más fuerte.

¿Qué hacer cuando tu hijo dice que quiere ser portero?

Muchos padres se sorprenden cuando su hijo elige esta posición.
La mayoría imaginamos que querrán ser los que meten los goles, no los que los evitan. Pero cuando un niño dice que quiere ser arquero, hay algo detrás:
una personalidad observadora, un deseo de proteger, una necesidad de asumir responsabilidad, una atracción natural por el desafío.

Si tu hijo te dice que quiere ser portero:

  • Escúchalo.
  • No lo trates de convencer de cambiar.
  • Acompáñalo a probarlo.
  • Fíjate si se entusiasma con el proceso, no solo con los partidos.

Ser arquero no es para todos. Y cuando un niño lo elige, suele ser porque algo de esa posición resuena con él.

¿Cómo apoyar a un hijo que quiere ser arquero?

  1. Valora sus logros aunque no brillen como un gol. A veces su mejor jugada es que no pasó nada: una buena posición, una orden a tiempo, una salida clara.
  2. Ayúdale a manejar la frustración. El arquero es el último en la línea. Si hay gol, se siente más personal. Ahí es cuando más nos necesita cerca, sin juicio, solo apoyo.
  3. Dale herramientas. Guantes adecuados, entrenamientos específicos, motivación para trabajar su técnica y su mente.
  4. Celebra su crecimiento. Porque más allá del resultado, lo que importa es lo que va construyendo cada vez que entra a la cancha.

Hoy, años después de ese formulario, ver a Max con sus guantes puestos, de pie en su arco, es algo que nos emociona más de lo que imaginamos aquel día.
Y sí, seguimos escuchando a otros papás decir:
¿Portero? ¿Estás seguro?
Y nosotros, con una sonrisa, respondemos:
Más que nunca.

Porque no solo él encontró su lugar.
Nosotros también aprendimos a jugar en equipo: Max en la cancha, y nosotros, desde afuera, siempre acompañando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra